Dos reglas mandan sobre todo lo demás: se entierran en las primeras 24 horas, y los purines no se aplican por plato, abanico ni cañón. Las dos tienen excepciones, y las dos existen por lo mismo: el amoniaco que se va por el aire.
El nitrógeno que se volatiliza no llega al cultivo y sí cuenta como emisión. Foto de Lorna Pauli (pexels).
Enterrar en 24 horas
Los estiércoles y los productos o materiales orgánicos u órgano-minerales, incluidos los residuos deben ser enterrados lo antes posible tras su aplicación y siempre en las primeras 24 horas, mediante arado de vertedera, chísel, cultivador o equipo que asegure una labor equivalente.
Y las cuatro excepciones que la propia norma admite:
Recintos con siembra directa o agricultura de conservación, incluidos los leñosos con cubierta vegetal entre líneas.
Recintos dedicados a pastos o con el cultivo ya nacido.
Purines y otros líquidos aplicados por inyección, por bandas con mangueras o rejas, o por cualquier otro sistema localizado.
Material previamente compostado o digerido con certificado analítico de nitrógeno amoniacal inferior al 0,6 % sobre peso fresco.
La cuarta es la que exige papel: hace falta un certificado analítico que acredite que el material compostado o digerido tiene menos de 0,6 % de nitrógeno amoniacal sobre peso fresco. Sin ese certificado, la excepción no se puede invocar.
Los purines, sin plato ni abanico
Se prohíbe la aplicación de purines mediante sistemas de plato, abanico y por cañón.
Se permiten solo en dos supuestos:
Recintos con pendientes medias superiores al 10 %, o de superficie inferior a una hectárea cuando no sean colindantes con otros recintos de la misma explotación.
La explotación entera cuando el resto de recintos represente menos del 50 % de la superficie total neta, o su conjunto no supere las 2 hectáreas.
Y aun en esos casos, no se pueden aplicar así cuando se prevea una temperatura ambiente superior al límite que fije la comunidad autónoma, que también establece cuánto tiempo después se mantiene la prohibición.
Otros materiales orgánicos
La prohibición de plato, abanico y cañón se extiende a otros materiales orgánicos u órgano-minerales, incluidos residuos, cuando su humedad sea igual o superior al 90 % y su nitrógeno amoniacal supere el 0,1 % sobre materia fresca.
Son dos condiciones que van juntas: hace falta que se cumplan las dos.
Lo que hay que saber de su composición
Un estiércol no es un abono de riqueza conocida: depende de la especie, de la cama, del manejo y de cuánto lleve almacenado. Por eso el cuaderno pide su composición analítica, y en particular el contenido en nitrógeno, fósforo y materia orgánica referidos a materia fresca.
El dato lo tiene que dar quien suministra el estiércol. Si sale de la propia explotación, lo aporta el titular. Y de ahí salen las unidades fertilizantes que se descuentan del plan de abonado: la calculadora hace esa cuenta.
Antes de aplicar: apilar
Dejar el estiércol en el recinto mientras se reparte tiene sus propias reglas, con cifras concretas de tonelaje, humedad y días. Están aquí.
Las primeras 24 horas tras la aplicación, y siempre lo antes posible, con arado de vertedera, chísel, cultivador o equipo equivalente. Hay cuatro excepciones: siembra directa y agricultura de conservación, pastos o cultivo ya nacido, aplicación localizada por inyección o bandas, y material compostado con menos de 0,6 % de nitrógeno amoniacal.
¿Se pueden aplicar purines con plato o abanico?
Con carácter general no. El artículo 10 lo prohíbe expresamente, y solo lo permite en recintos con pendiente media superior al 10 % o de menos de una hectárea no colindantes, y en el supuesto de explotaciones donde esos recintos son la mayor parte.
¿Qué análisis del estiércol hay que tener?
El contenido en nitrógeno, fósforo y materia orgánica referidos a materia fresca. Lo proporciona el suministrador, o el titular si el estiércol se genera en la propia explotación, y se anota en el cuaderno.